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miércoles, 7 de septiembre de 2011

Diez detonadores de la felicidad



1. Escucha la sabiduría de tu cuerpo, que se expresa por señales de comodidad e incomodidad.


2. Vive en el presente, es el único momento que tienes.Busca la consciencia y plenitud en cada momento.


3. Dedica tiempo al silencio, a meditar, a acallar el diálogo interior. Presta atención a tu vida interior para que puedas guiarte por tu intuición.


4. Renuncia a tu necesidad de aprobación externa. Solo tú eres el juez de lo que vales.


5. Cuando te descubras reaccionando con enojo u oposición ante cualquier persona o circunstancia, recuerda que solo estás luchando contigo mismo.


6. El mundo de fuera refleja tu realidad de dentro. Lo que más odias es lo que más niegas en ti mismo, lo que más amas es lo que más deseas. Usa el espejo de las relaciones para guiar tu evolución.


7. Liberate de la carga de los juicios. Al juzgar a otros, reflejas tu falta de autoaceptación. Cuando juzgas, te apartas de la comprensión e impones el bien o el mal a situaciones que simplemente son.


8. Manten tu cuerpo limpio de toxinas. Cuida tu salud física.


9. Reemplaza la conducta que motiva el miedo por la conducta que motiva el amor. El miedo es un producto de la memoria, que mora en el pasado. Confia en tu fuerza interior.


 10. Comprende que el mundo físico es solo el espejo de una inteligencia más profunda. Cada pensamiento crea una impresión en el campo total.Vive con serenidad y equilibrio.

Aprecia lo bueno que tienes


Si te has despertado hoy, con fuerzas y sin dolor, tienes más suerte que otros muchos.

Si nunca has conocido los peligros de la guerra, la soledad de la prisión, el hambre… estás por encima de 500 millones de personas en el mundo.

Si puedes ir a la Iglesia, o seguir tus creencias sin ser perseguido, tienes más suerte que 3.000 millones de personas en este planeta.

Si tienes tus necesidades básicas cubiertas, eres más rico que el 75% de los demás humanos.

Si tienes unos ahorros, por poco importantes que sean, eres parte del 10% de la población próspera del mundo entero.

Si has visto a tus padres hacerse viejecitos juntos, eres un caso poco común.

Si llevas una sonrisa en tu cara, y estás agradecido por todo, tienes suerte, porque la mayoría de la gente lo puede hacer, pero no lo hace.

Si puedes tomar la mano de alguien, abrazarlo o solamente tocar su hombro alégrate, nunca te sentirás solo.

Si puedes leer este mensaje, has recibido una doble bendición, ya que primero alguien ha pensado en ti, y segundo tienes más suerte que 2.000 millones de personas que no saben leer.

Comparte y divulga este mensaje, para que tu familia, amigos, incluso tus enemigos, se den cuenta de todo lo que tienen.

PIENSA EN TU SUERTE Y DISFRÚTALA

martes, 6 de septiembre de 2011

Lo que el corazón quiere, la mente se lo muestra



Según cómo nos hablamos a nosotros mismos, en nuestro incesante dialogo interno, moldeamos nuestras emociones, y éstas cambian nuestras percepciones.
Científicos de Harvard han demostrado que cuando la persona consigue reducir esa cacofonía interior y entrar en el silencio, las migrañas y el dolor coronario pueden reducirse un 80%.
“Un minuto entreteniendo un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas”
HAY QUE ENTRENAR ESTA ACTITUD.

Hasta ahora lo decían los iluminados, los meditadores y los sabios; ahora también lo dice la ciencia: son nuestros pensamientos los que en gran medida han creado y crean continuamente nuestro mundo.

“Hoy sabemos que la confianza en uno mismo, el entusiasmo y la ilusión tienen la capacidad de favorecer las funciones superiores del cerebro. La zona prefrontal del cerebro, el lugar donde tiene lugar el pensamiento más avanzado, donde se inventa nuestro futuro, donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones, está tremendamente influida por el sistema límbico, que es nuestro cerebro emocional. Por eso, lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando”. Hay que entrenar la mente.



Entrevista a MARIO ALONSO PUIG:
Tengo 48 años. Nací y vivo en Madrid. Estoy casado y tengo tres niños. Soy cirujano general del aparato digestivo en el Hospital de Madrid. Hay que ejercitar y desarrollar la flexibilidad y la tolerancia. Se puede ser muy firme con las conductas y amable con las personas.


Más de 25 años ejerciendo de cirujano. ¿Conclusión?
Puedo atestiguar que una persona ilusionada, comprometida y que confía en sí misma puede ir mucho más allá de lo que cabría esperar por su trayectoria.
¿Psiconeuroinmunobiología?
Sí, es la ciencia que estudia la conexión que existe entre el pensamiento, la palabra, la mentalidad y la fisiología del ser humano. Una conexión que desafía el paradigma tradicional. El pensamiento y la palabra son una forma de energía vital que tiene la capacidad (y ha sido demostrado de forma sostenible) de interactuar con el organismo y producir cambios físicos muy profundos.
¿De qué se trata?
Se ha demostrado en diversos estudios que un minuto entreteniendo un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas. El distrés, esa sensación de agobio permanente, produce cambios muy sorprendentes en el funcionamiento del cerebro y en la constelación hormonal.
¿Qué tipo de cambios?
Tiene la capacidad de lesionar neuronas de la memoria y del aprendizaje localizadas en el hipocampo. Y afecta a nuestra capacidad intelectual porque deja sin riego sanguíneo aquellas zonas del cerebro más necesarias para tomar decisiones adecuadas.
¿Tenemos recursos para combatir al enemigo interior, o eso es cosa de sabios?
Un valioso recurso contra la preocupación es llevar la atención a la respiración abdominal, que tiene por sí sola la capacidad de producir cambios en el cerebro. Favorece la secreción de hormonas como la serotonina y la endorfina y mejora la sintonía de ritmos cerebrales entre los dos hemisferios.
¿Cambiar la mente a través del cuerpo?
Sí. Hay que sacar el foco de atención de esos pensamientos que nos están alterando, provocando desánimo, ira o preocupación, y que hacen que nuestras decisiones partan desde un punto de vista inadecuado. Es más inteligente no ser razonable y llevar el foco de nuestra atención a la respiración, que tiene la capacidad de serenar nuestro estado mental.
¿Dice que no hay que ser razonable?
Siempre encontraremos razones para justificar nuestro mal humor, estrés o tristeza, y esa es una línea determinada de pensamiento. Pero cuando nos basamos en cómo queremos vivir, por ejemplo sin tristeza, aparece otra línea. Son más importantes el qué y el porqué que el cómo. Lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando.
Exagera
Cuando nuestro cerebro da un significado a algo, nosotros lo vivimos como la absoluta realidad, sin ser conscientes de que sólo es una interpretación de la realidad.
Más recursos…
La palabra es una forma de energía vital. Se ha podido fotografiar con tomografía de emisión de positrones cómo las personas que decidieron hablarse a sí mismas de una manera más positiva, específicamente personas con trastornos psiquiátricos, consiguieron remodelar físicamente su estructura cerebral, precisamente los circuitos que les generaban estas enfermedades.
¿Podemos cambiar nuestro cerebro con buenas palabras?
Santiago Ramón y Cajal, premio Nobel de Medicina en 1906, dijo una frase tremendamente potente que en su momento pensamos que era metafórica. Ahora sabemos que es literal: “Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”.
¿Seguro que no exagera?
No. Según cómo nos hablamos a nosotros mismos moldeamos nuestras emociones, que cambian nuestras percepciones. La transformación del observador (nosotros) altera el proceso observado. No vemos el mundo que es, vemos el mundo que somos.
¿Hablamos de filosofía o de ciencia?
Las palabras por sí solas activan los núcleos amigdalinos. Pueden activar, por ejemplo, los núcleos del miedo que transforman las hormonas y los procesos mentales. Científicos de Harvard han demostrado que cuando la persona consigue reducir esa cacofonía interior y entrar en el silencio, las migrañas y el dolor coronario pueden reducirse un 80%.
¿Cuál es el efecto de las palabras no dichas?
Solemos confundir nuestros puntos de vista con la verdad, y eso se transmite: la percepción va más allá de la razón. Según estudios de Albert Merhabian, de la Universidad de California (UCLA), el 93% del impacto de una comunicación va por debajo de la conciencia.
¿Por qué nos cuesta tanto cambiar?
El miedo nos impide salir de la zona de confort, tendemos a la seguridad de lo conocido, y esa actitud nos impide realizarnos. Para crecer hay que salir de esa zona.
La mayor parte de los actos de nuestra vida se rigen por el inconsciente.
Reaccionamos según unos automatismos que hemos ido incorporando. Pensamos que la espontaneidad es un valor; pero para que haya espontaneidad primero ha de haber preparación, si no sólo hay automatismos. Cada vez estoy más convencido del poder que tiene el entrenamiento de la mente.
Deme alguna pista.
Cambie hábitos de pensamiento y entrene su integridad honrando su propia palabra. Cuando decimos “voy a hacer esto” y no lo hacemos alteramos físicamente nuestro cerebro. El mayor potencial es la conciencia.
Ver lo que hay y aceptarlo.
Si nos aceptamos por lo que somos y por lo que no somos, podemos cambiar. Lo que se resiste persiste. La aceptación es el núcleo de la transformación.

Entrevista aparecida en La Vanguardia Digital, de España.

40 consejos positivos



1.- Camina de 10 a 30 minutos todos los días. Mientras caminas, sonríe.
2.- Siéntate en silencio y en un lugar tranquilo, por lo menos 10 minutos cada día.
3.- Escucha buena música todos los días, es un auténtico alimento para el espíritu.
4.- Al levantarte en la mañana di “Mi propósito hoy es…”.
5.- Vive todos los momentos con energía, alegría y empatía.
6.- Juega más juegos y diviértete más que el año pasado.
7.- Lee más libros que el año pasado.
8.- Mira al cielo al menos una vez al día y date cuenta de la majestuosidad del mundo que te rodea.
9.- Sueña más mientras estás despiert@.
10.- Come más alimentos que crezcan en los árboles y en las plantas y menos alimentos que sean manufacturados en plantas industriales.
11.- Come arándanos y nueces. Toma té verde, mucha agua y una copa de vino al día (asegúrate de brindar con ella por algo hermoso de lo mucho que hay en tu vida y, de ser posible, hazlo en compañía de quien amas).
12.- Trata de hacer reír a por lo menos 3 personas cada día.
13.- Elimina el desorden de tu casa, tu coche y tu escritorio, y deja que nueva energía fluya en tu vida.
14.- No gastes tu precioso tiempo en chismes, cosas del pasado, pensamientos negativos o cosas fuera de tu control.  Mejor invierte tu energía en lo positivo del presente.
15.- Date cuenta que la vida es una escuela y tú estás aquí para aprender. Los problemas son lecciones que van y vienen, lo que aprendes de estos es para toda la vida.
16.- Desayuna como rey, come como príncipe y cena como mendigo.
17.- Sonríe siempre y ríe más.
18.- No dejes pasar la oportunidad de abrazar a quien aprecias.
19.- La vida es muy corta como para desperdiciar el tiempo odiando a alguien.
20.- No te tomes a ti mismo tan en serio. Nadie más lo hace.
21.- No tienes que ganar cada discusión. Acepta que no estás de acuerdo y aprende del otr@.
22.- Ponte en paz con tu pasado, así no arruinarás tu presente.
23.- No compares tu vida con la de otros. No tienes idea del camino que ellos han andado en la vida.
24.- Nadie está a cargo de tu felicidad, excepto tu mismo.
25.- Recuerda que tú no tienes el control de todo lo que te sucede, pero sí de lo que haces con ello.
26.- Aprende algo nuevo cada día.
27.- Lo que la demás gente piense de ti no es de tu incumbencia.
28.- Aprecia tu cuerpo y disfrútalo.
29.- No importa que tan buena o mala sea la situación, ésta cambiará.
30.- Tu trabajo no se ocupará de ti cuando estés enfermo. Tus amigos sí lo harán. Mantente en contacto con ellos.
31.- Desecha cualquier cosa que no sea útil, bonita o divertida.
32.- La envidia es una pérdida de tiempo. Tú ya tienes todo lo que necesitas.
33.- Lo mejor está aún por venir.
34.- No importa cómo te sientas, levántate, vístete y vé donde tengas que ir.
35.- Ten sexo maravilloso, siempre con plenitud de tu ser.
36.- Llama a tus familiares con frecuencia y diles ¡Estoy pensando en ti!
37.- Cada noche antes de acostarse di: Doy gracias por…Hoy conseguí…
38.- Recuerda que estás demasiado bendecido como para estar estresado.
39.- Disfruta del viaje. Sólo tienes una oportunidad, sácale el mayor provecho.
40.- Por favor difunde estos consejos entre quienes te importan.

LA VIDA ES BELLA, DISFRÚTALA CADA MINUTO.
QUE TENGAS UN MARAVILLOSO DÍA, MI ESTIMAD@ AMIG@.

UNA SONRISA



Una sonrisa no cuesta nada y produce mucho.

Enriquece al que la recibe sin empobrecer al que la da, no dura más que un instante pero su recuerdo a veces es eterno.

Nadie es lo bastante rico como para no recibirla y nadie tan pobre para que no pueda darla.

Una sonrisa crea felicidad a quien la da y a quien la recibe, y favorece la amistad.

Una sonrisa da alegría al triste, reposo al afligido y fuerzas al débil.

Si alguna vez encuentras a una persona que no te la da, sé generoso y ofrécele la tuya, nadie necesita más una sonrisa que aquel que no sabe darla a los demás.

REFLEXIONES PERSONALES - V



¿Qué tal si les recordamos a quienes nos aman que, aunque ya lo sabemos, nos encanta escuchar su voz mientras nos lo dice? Y viceversa.

No podemos decidir sobre lo que la vida nos deparará, pero sí podemos decidir sobre lo que haremos con lo que nos suceda. Tener esto claro genera una verdadera confianza que nos hace más fuertes y nos permite resolver las cosas de manera más fácil.
Si nos proponemos hacer algo generoso una vez a la semana (no es tanto) ayudaremos a contagiar y extender la generosidad, que tanto beneficia al que la recibe como al que la da.
Tener claros nuestros objetivos, nuestras metas, visualizarlos con el mayor detalle y realismo, la mayor cantidad de veces, mientras somos conscientes de los recursos que son necesarios y de los que ya disponemos, favorece el desarrollo de la esperanza, permitiéndonos desenvolvernos mejor en cualquier área de nuestra vida, disfrutar de nuestro trabajo, mejorar nuestra salud, reducir el estrés, lograr más satisfacciones, relacionarnos mejor con los demás.
Estamos rodeados de tantas cosas que nos distraen (la tele, los móviles, juegos…) que nos alejan de centrarnos en nuestros propios objetivos.

No tengas dudas, cuando te encuentres con un callejón sin salida, sal por el mismo lugar que entraste.
La capacidad para que una crítica nos duela o no, depende más de nuestra seguridad personal y de nuestra autoestima, que del contenido de las palabras que nos digan.
Una persona espiritualmente inteligente busca la profundidad en las relaciones, ve aquello que le une a los demás, minimiza las diferencias, y disfruta de la felicidad de los demás.
Puesto que no sabemos lo que nos ocurrirá mañana, démonos permiso para ser felices, hoy.

Nuestros peores enemigos, los obstáculos más habituales e importantes que nosotros mismos nos ponemos son sobre todo nuestros miedos, acompañados de la absurda  vergüenza y la implacable culpa. Miedo a lo que nos pueda pasar, miedo al juicio crítico de los demás, y miedo a lo que ayer pudimos haber hecho mal. Y nos acompañan desde todo lo que fuimos aprendiendo en la infancia y todo lo que nos fueron diciendo. No hagamos lo mismo ahora con quienes, en su infancia, se fijan tanto en lo que hacemos y decimos.
En la infancia aprendemos a definir cómo somos y cómo funciona el mundo según las palabras y las ideas de nuestros padres. Al ir creciendo, traspasamos ese poder a otros, aunque lo que hagan y digan no esté en consonancia con nuestro verdadero ser. Por eso, recuperar nuestra autonomía de pensamiento, pensar por uno mismo, es básico e imprescindible para ser libres, auténticos y conscientes.

También solemos actuar como masas guidas por lo que la publicidad, el dinero y las modas disponen. Ya sé que seguir el surco tiene sus ventajas, ya fueron probados por otros, es lo que hace la mayoría, por eso salir del surco y hacer el nuestro propio requiere de bastante valentía y es arriesgado, pero ¿quién nos quitará la satisfacción de tener nuestro propio surco?
Todos nos equivocamos y podemos hacer daño a otros, pero si aprendemos a asumir que esto es así, que es inevitable, y nos centramos en reparar las consecuencias de nuestros errores, el peso de la culpa de convertirá en confianza.

Todo lo que hacemos, todo lo que decimos tiene un efecto, lo queramos o no. También lo que no hacemos o lo que no decimos
Cuando no tomamos decisiones, también las estamos tomando. No decidir, no elegir, no actuar, son modos de decidir, de elegir y de actuar. La pasividad no nos sirve para nada, ni siquiera para pensar que nosotros no hicimos.
El miedo a equivocarnos muchas veces hace que nos equivoquemos. Es mejor hacer las cosas lo mejor que sepamos y asumir las consecuencias con la confianza de haberlo intentado con verdadero interés Además, así crecemos y aprendemos.

Ser demasiado exigentes, con los demás y con nosotros mismos, nos echa a los leones de nuestra voz interior que no para de criticar, de encontrar defectos, de buscar la perfección, de advertirnos con severidad ante los errores y nos llena de miedo a equivocarnos. Seamos mucho más flexibles y tolerantes, y todo nos irá mejor.

Cualquiera podemos empezar un nuevo trayecto interior, incluso después de haber cometido un error, es más, a veces ese mismo error puede ser el motor que nos impulse con más fuerza hacia ese viaje interior y hacia el cambio que deseamos. Ese es el único viaje que vale la pena hacer.
No hay que echar la culpa nuestra a los demás, pero tampoco asumir las que correspondan a otros, y sobre todo ser muy bueno averiguando la diferencia.
Aristóteles decía que todo el mundo sabe y puede enfadarse, el arte consiste en hacerlo por un motivo justo, con la persona adecuada, con la intensidad correcta, en el momento oportuno y de una manera eficaz.
Hay que asumir que somos nosotros los que decidimos finalmente nuestros estados emocionales, y no los demás los que nos los causan. Nosotros somos los que inconscientemente nos contagiamos del mal rollo de otros, no ellos los que nos los imponen. No les otorguemos tanto valor e influencia sobre nosotros y asumamos nuestra responsabilidad.
Respondamos con calma y serenidad cuando alguien esté enfadado y, si no es posible, alejémonos invitándole a seguir cuando esté más tranquilo y sea posible la comunicación.

En las escuelas debería ser obligatoria la enseñanza de la inteligencia social y emocional, aprendiendo a desarrollar las aptitudes sociales y emocionales, gestionando mejor las emociones nocivas y cultivando las positivas, lo que generaría mejores personas y mejores resultados académicos.
Tenemos que alejarnos de las personas que no saben gestionar sus propias emociones, su mal humor, y que contagian a los grupos a que pertenecen.
La educación de todos, no importa la edad, no es una serie de aprendizajes definitivos, sino la búsqueda permanente sobre temas que se encadenan, y que nos llevan a nuestra evolución personal en todos los sentidos, por lo que nunca deberíamos de dejar de querer aprender.

Vivimos en una cultura que fomenta la búsqueda de culpables en lugar de soluciones, y así nos convertimos en supuestas víctimas que nos quejamos de todo, asumiendo un papel pasivo que nos lleva a la resignación y a la impotencia, en lugar de pasar a la acción para resolver lo que no nos gusta.
Las desigualdades sociales son uno de los más graves factores de riesgo para numerosas enfermedades, especialmente si esas desigualdades son vividas sin la esperanza de que alguien  será capaz de superarlas, cambiarlas, saltarlas…Uno piensa que ha perdido el control de su vida y la fe en poderla recuperar. La medicina basada en la solidaridad podría ser el medicamento más barato, potente y eficaz contra este mal.

Nuestro cerebro tiene una enorme plasticidad, lo dice Eduardo Punset, y desarrollamos enormemente las partes del mismo que más utilizamos, Así que nada tiene que ser así porque siempre ha sido así.
Podemos aprender a desaprender lo que no nos place de nosotros mismos, de las ideas heredadas que no nos sirven para nada pero aceptamos inconscientemente, sin preguntar por qué, para ver las cosas desde otra perspectiva nueva, nuestra.
No tiene nada de malo sentirnos orgullosos de lo que hayamos conseguido gracias a nuestro esfuerzo, y podemos sentir la satisfacción de decirlo si lo hacemos con humildad.

Solo demos importancia a lo que nos dicen personas que nos quieran de verdad.

En realidad, lo que los demás piensan de nosotros tiene mucha menos influencia sobre nuestras vidas de lo que creemos. Importa mucho más lo que nosotros mismos pensamos.
Cuando alguien nos pide consejo cometemos el error de decirle lo que haríamos nosotros en su caso, pero debemos decirle lo que haríamos en su caso, comprendiendo sus circunstancias.
Muchas de nuestras ansiedades nos las creamos nosotros mismos, por querer lograr los objetivos que quedan bien en esta sociedad y porque, cuando logramos estos, nos imponemos otros para seguir en una especie de rueda interminable.
Acostumbrados a huir de la ansiedad y la angustia, muchas veces corremos hacia lo mismo que tememos, llenándonos de cosas que no necesitamos y ocupando innecesariamente todos los silencios.
Ah,  muy importante, os aseguro que el mundo puede sobrevivir si no estamos disponibles durante un par de horas, o un par de días, que quizá nos podríamos dedicar a nosotros mismos.
Para escapar de nuestro vacío existencial solemos hacer cosas sin parar, siempre ocupados necesitados de actividad, porque detenerse es más arriesgado, porque quizá tengamos miedo de parar y escuchar nuestras voces interiores.

Quienes llenamos nuestras vacaciones y ratos de ocio con propósitos y objetivos, somos los que después nos sentimos menos satisfechos, que todo pasó demasiado rápido y que se nos han quedado muchas cosas por hacer.
Aprovechar el tiempo no significa lo mismo que disfrutar de él. Correr de un lado a otro rellenando los huecos del día es una receta infalible para el estrés. El gran cambio se produce cuando conseguimos no solo hacer lo que de verdad queremos sino, sobre todo, cuando queremos lo que hacemos.
Todo aquello que nos resulta placentero, que disfrutamos haciéndolo, genera endorfinas, las hormonas de la felicidad, así que quizá valdría la pena hacer cosas que nos hacen sentir bien la mayor cantidad de veces que podamos.
Para conseguir algo, no basta con pensar que lo queremos, también hace falta sentirnos como si ya lo tuviéramos, y cuantas más veces lo sintamos a lo largo del día, mejor.

Somos lo que pensamos. La neurociencia ha demostrado que el cerebro registra de igual forma lo que percibimos con los sentidos que lo que imaginamos, creando nuevas redes neuronales.
Si no nos sorprendemos de que aparezcan obstáculos, y los tomamos como oportunidades para aprender y evolucionar, podremos perseguir mejor nuestras metas y hacernos más fuertes y seguros.
Si hacemos una lista de todo lo que tenemos pendiente de hacer  y,  una vez a la semana, escogiésemos una y la realizásemos a conciencia, tachándola de nuestra lista, reduciríamos nuestro estrés de forma considerable.
Y no olvides en esa lista, hacer una relación de las personas a las que has de recordarles con palabras y hechos lo mucho que las quieres.
Un enemigo es un tesoro, debemos cuidarlo, porque es la mejor ayuda en el camino de nuestra iluminación.
Si supiéramos de la biografía de nuestros enemigos y comprendiésemos la tristeza y el sufrimiento que padecen, nuestra hostilidad hacia ellos se desvanecería.

El perdón es como la fragancia que derrama una bella flor en el talón que la aplastó. ¿No es más bonito ser esa fragancia que regalarles el sufrimiento a quienes nos hacen daño?
A alguien que quiero, le pediría que no me desanime si me equivoco, que me aliente todo lo que pueda, que se dé cuenta y me anime ante mis cambios positivos, por pequeños que sean… y viceversa.
También le diría que no hace falta que me controle todo el día, ni me pida explicaciones sobre cosas sin importancia, que respete mis parcelas de intimidad, que no se cree demasiadas expectativas sobre mí, que confíe y así podré sorprenderle… y viceversa.
Mostremos a las personas que queremos lo importantes que son para nosotros, en lugar de estar siempre esperando a que ellos nos den importancia a nosotros.

La inspiración, la suerte, el éxito, la felicidad… todo lo bueno existe, pero tiene que encontrarnos intentado conseguirlas.
Es mejor estar preparados y no ir, que ir y no estar preparados.
El temperamento es como uno nace, pero el carácter es como uno se hace. Son nuestras decisiones y acciones las que nos orientan hacia un determinado destino.

REFLEXIONES PERSONALES - IV


Quienes intentamos agradar todo el tiempo y a todos, escondemos una gran necesidad de ser aceptados y de sentirnos queridos constantemente.
Debemos aprender a vivir sin contar siempre con la aprobación de los demás, quienes permanezcan a tu lado, son los que realmente te apreciarán de verdad.

Las comparaciones que hacemos de nosotros mismos con otros, siempre nos llevan a un deterioro de nuestra autoestima, y casi siempre surgen por nuestras inseguridades personales. Los otros no son más ni menos que nosotros, solo son diferentes. A veces los idealizamos, a veces los prejuzgamos. Si aprendemos a querernos, tenderemos a compararnos menos.
No pierdas tiempo en compararte con otros, salvo si es para un sano aprendizaje de los mejores.

Es difícil perdonar a los que nos han hecho daño, pero aun lo es más perdonarse a sí mismo. Para ello, es necesario bienestar emocional, buena autoestima, aceptación de nuestras limitaciones y dejar de buscar la perfección.
Seamos lo queremos ser, no los demás quieren que seamos.
Cometer errores forma parte de nuestro aprendizaje y evolución, no te autocastigues, no te escondas detrás de la culpa, y aprende de ellos.

¿Cuántas veces damos las gracias a lo largo del día?
La gratitud sincera es una de las emociones más positivas y que más influyen en la felicidad, en quien la da y en quien la recibe.
Si aprendemos a ser conscientes de los favores y servicios que los demás y la vida nos regalan, y lo manifestamos claramente, nos sentiremos muchísimo mejor.

No sirve de nada darle vueltas a lo que no nos gustó del pasado. Vivimos en el presente y es aquí donde hemos de centrarnos y donde podemos ser felices, o no.

Escribe las actividades o cosas nuevas que te gustaría realizar, planifícalas según tus opciones y disfrútalas al máximo.
Buscar motivación y abrirnos a experiencias nuevas nos proporciona más alegría que limitarnos a buscar la seguridad de lo habitual.

Cada día, nos suena el despertador, desayunamos rápidamente, repetimos las mismas tareas en el trabajo, vemos a las mismas personas, pasamos por las mismas calles… y entre tanto nos olvidamos de vivir y de disfrutar de los matices de cada jornada.
Deberíamos equilibrar lo novedoso y lo rutinario, y así tener una sensación más completa, armoniosa y feliz de nuestras propias vidas.

Bastan 10 minutos al día de meditación para reducir la ansiedad, mejorar el funcionamiento de nuestro organismo, y para que fluyan más emociones positivas. Al desconectar también recargamos nuestras baterías físicas y emocionales.

También podemos dedicar esos mismos minutos, cada noche, antes de dormirnos, a rememorar, con todo lujo de detalles, aquellos momentos de nuestra vida en que nos hayamos sentido realmente felices. Si lo haces, al menos durante un mes seguido, mejorará tu estado de ánimo y te sentirás más feliz.

Tomar varias tazas de té verde al día, mejora nuestra memoria, nos libera del estrés, hidrata nuestro organismo.

Un buen amigo lo sabe todo de ti y, a pesar de ello, te quiere.
Cuando todo va bien, nuestros amigos nos conocen. Cuando las cosas van mal es cuando los conocemos nosotros.
Quien deja de ser nuestro amigo, es que nunca lo fue.
El verdadero amor no es más que el deseo inevitable de ayudar al otro a que sea quien de verdad es.

La serenidad nos ayuda a tener más ganas de quedarnos donde estamos, de absorber el momento, de saborear nuestras circunstancias y de vivir más conscientes y por ello más plenamente.
El ejercicio regular puede tener efectos comparables a algunos medicamentes contra la ansiedad y la depresión.
Si atendemos a un solo asunto a la vez y le dedicamos toda nuestra atención, estaremos más serenos y seremos más productivos y eficaces.
Todos tenemos asuntos pendientes que consideramos “poco importantes o aplazables” y los vamos aparcando, lo que nos genera intranquilidad y cierta ansiedad cada vez que lo vemos o nos acordamos. Es mucho mejor limpiar el tajo y no tener cosas pendientes. Tendremos más paz y satisfacción.
Si aprendemos a decir “no”, seleccionaremos y nos concentraremos más en lo que de verdad nos interesa y deseamos.

Cuando aparece una necesidad y sentimos la urgencia de satisfacerla ya, es que seguimos funcionando como cuando éramos bebés y nuestro estado emocional era el de necesidad absoluta.
Esto nos provoca dependencias y adicciones de todo tipo que sustituyen a nuestras madres, les otorgamos a otros el poder de hacer lo que quieren de nosotros y nos arrebatan nuestro propio “yo”.
No solo necesitamos que nos quieran, necesitamos sentirlo y para ello renunciamos a nuestros deseos, en tal de lograr la aceptación de los demás.
Lo peor de la adicción no es la sustancia o actividad que buscamos para calmarla, sino la desesperación que sentimos cuando aparece la necesidad urgente de tomar o hacer para llevar ese vacío que nos agobia.
Debemos revisar con franqueza nuestra historia, nuestra niñez, y buscar las demandas desesperadas, de miradas y cariño, que quedaron sin cubrir.
Podemos decidir por nosotros mismos como expresar a los demás como y quienes somos. El aprendizaje consiste en elegir, sin demasiada demora, la mejor manera, el mejor momento y el mejor entorno.

Cuando estamos nerviosos por algo que va a ocurrir (una cita, hablar en público, desfilar…), la mejor forma de relajarnos es admitir que eso es lo normal y que ya se pasará.

No aprendemos mientras hablamos, solo cuando escuchamos.
Me gritas tan fuerte que no puedo oír lo que me dices.
La tolerancia no es compartir lo que otra persona piensa, sino concederle el derecho a defender su opinión.
Si me quedara poco tiempo de vida, contactaría con las personas que he amado y me aseguraría de que lo saben. Mejor, pensado, voy a hacerlo ya.
No solo hay que felicitar por lo que se consigue, también cuando se ha intentado intensamente.
La crítica que más nos duele es la que se refiere a temas en que nosotros mismos también nos juzgamos más severamente. Fíjate bien.

Debemos aceptar y desafiar a nuestros propios miedos y, pese a ello, dar el siguiente paso, y el siguiente, y el siguiente. No nos debemos detener. Ya pasará.
Si me fijo mucho en los detalles, pierdo de vista las cosas importantes.
No debe importarnos admitir nuestra propia vulnerabilidad, aceptar las criticas, confiar en los demás, ser menos exigente con nosotros y con los demás.
A veces trabajamos en exceso como vía de escape a nuestros problemas no resueltos o en búsqueda de reconocimiento.
No hay nada malo en nuestra forma de ser, algunos problemas aparecen cuando creemos que deberíamos ser de otra manera y nos enfadamos por ello.

Sobre la asertividad:
Entre la pasividad y la agresividad, vive felizmente la asertividad, el verdadero equilibrio, en el que reina la serenidad y la auto satisfacción.
No le sigas la corriente a quien te habla mal, porque si lo haces ha sido él quien está decidiendo como debes actuar tú.
No nos pueden herir sin nuestro consentimiento.
Hemos de responder, en lugar de reaccionar.
Y hay que hacerlo con firmeza pero con serenidad, con respeto, se lo merezca o no.
No siempre podemos controlar nuestros sentimientos, pero sí lo que hacemos con ellos y nuestros comportamiento.

Nuestra personalidad se forja en lo que pensamos sobre lo que ocurre a nuestro alrededor y las sensaciones que esto nos causa, lo que genera emociones que van creando nuestros sentimientos. Según estos, interactuamos ante los demás, lo que, según la calidad de esa relación, generará respuestas de los otros.
Y al final todo es una cadena de consecuencias que nace con nuestros pensamientos.
Así que fíjate como y qué piensas, porque según lo hagas te irá la vida.

Si quieres que algo que no te gusta cambie, sea diferente, empieza por pensar cosas diferentes a lo que pensabas hasta ahora. El ciclo llegará su final y hará su efecto.
Si piensas lo mismo de siempre, te ocurrirá lo mismo de siempre.

REFLEXIONES PERSONALES - II



Las cosas no desaparecen porque no las quieras ver. Por mucho que nos estiren la piel, eso no nos librará de la vejez.

Da una enorme paz interior no sufrir la ansiedad de depender de cómo nos ven los demás y gastar nuestra energía en cuestiones verdaderamente importantes.

Hemos de ser conscientes de lo que sentimos. Si no nos damos cuenta de nuestros sentimientos y de nuestro estado de ánimo, no sabremos de verdad lo que transmitimos.

Conscientemente o no, comunicamos lo que sentimos, y lo que sentimos no lo podemos esconder.

Todas las guerras y episodios violentos crea una situación de desequilibrio total y se crea una energía negativa que nos daña a todos, física y espiritualmente.

El cambio no llegará con leyes y tecnología, es preciso que en nuestras conciencias y en nuestros corazones aflore una nueva forma de entendernos entre nosotros y de entender la vida.

El optimismo no es solo una forma de pensar, es además una actitud y otra forma de ver la vida, que nos procura más satisfacciones y una mejor salud.
Los optimistas pensamos que la adversidad se puede manejar exitosamente, y eso hace que nos enfrentemos a los retos con más confianza y perseverancia.
Los pesimistas esperan lo peor, esto les genera dudas y evitan actuar ante los mismos retos, lo que les deja en desventaja.

No se trata de tener un optimismo ciego, sino de ver las cosas con un optimismo flexible.

Nos enamoramos de en quienes vemos alguno de los atributos de nuestra pareja ideal. No importa que le falten muchas otras condiciones, éstas ya las completamos con nuestra imaginación y nuestro deseo de encontrar a quien necesitamos.

El amor se cuece a fuego lento, cuando empezamos a conocer de verdad a la otra persona. No es que ya no tenga los atributos que le vimos, es que ahora vemos que había mucho más. Es como un iceberg, ha bajado el nivel del agua de nuestro apasionamiento y ahora vemos las 7/8 partes que estaban abajo.

Todos los amores empiezan por el enamoramiento, pero no todos los enamoramientos acaban en amor.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Gracias a Dios y a la Vida


Doy gracias a Dios
y a la vida, porque

Tengo SERENIDAD
para aceptar las cosas
que no puedo cambiar.

Tengo VALOR
para cambiar
aquellas que sí puedo.

Tengo la suficiente SABIDURÍA
para poder
distinguir la diferencia.

Y tengo la necesaria HUMILDAD como para no olvidarme
nunca de esto.

Inteligencia emocional




¿Qué hace falta
para ser un líder?

Fue Daniel Goleman el primero en trasladar la expresión “inteligencia emocional” a una amplia audiencia con el libro que publicó en 1995 con ese mismo título y también fue Goleman el primero en aplicar el concepto al mundo empresarial con su artículo publicado en 1998 en Harvard Business Review, que reproducimos ahora. En su investigación en prácticamente doscientas grandes empresas globales, Goleman descubrió que las cualidades tradicionalmente asociadas al liderazgo, como la inteligencia, la firmeza, la determinación y la visión, son requisitos necesarios, pero no suficientes, para el éxito. Los líderes verdaderamente eficaces también se distinguen por un elevado grado de inteligencia emocional, concepto que incluye la auto-conciencia, el auto-control, la motivación, la empatía y la capacidad de relación social.
Es posible que estos rasgos parezcan “etéreos” y poco empresariales, pero Goleman descubrió que existen vínculos directos entre la inteligencia emocional y los resultados empresariales susceptibles de medición. Aunque la relevancia de la inteligencia emocional en el mundo de los negocios ha provocado debates a lo largo de los seis últimos años, el artículo de Goleman sigue siendo la referencia definitiva sobre el asunto, en la que describe cada componente de la inteligencia emocional y ofrece una explicación detallada sobre el modo de reconocerla en los líderes potenciales, sobre la forma y los motivos por los que está conectada con el rendimiento y sobre la manera en la que se puede aprender.

Todos los profesionales de la empresa conocen una historia sobre un directivo muy inteligente y muy cualificado que fue ascendido a un puesto de liderazgo en el que fracasó estrepitosamente. También suelen conocer una historia sobre una persona con unas sólidas, aunque no extraordinarias, capacidades intelectuales y cualificaciones técnicas que fue ascendida a un cargo similar a partir del cual experimentó una ascensión meteórica.
Estas anécdotas apoyan la creencia generalizada de que identificar a las personas que “tienen lo que hay que tener” para ser líderes es más un arte que una ciencia. Después de todo, los estilos personales de los líderes más destacables varían: algunos líderes son introvertidos y analíticos; otros proclaman sus ideas desde las cimas de las montañas. La misma importancia tiene el hecho de que diferentes situaciones requieren diferentes tipos de liderazgo. La mayoría de las fusiones necesita un negociador sensible al timón, mientras que en muchas reconversiones hace falta una autoridad más impulsiva.


domingo, 4 de septiembre de 2011

Cosas que voy aprendiendo




Cuando sólo una persona me dice "Tú me alegraste el día", esa misma persona me alegra el día.
Cuando me amarro a la amargura, la felicidad amarra en otro muelle.
Ser bondadoso es más importante que empreñarme en tener la razón
Siempre puedo rezar por otros, especialmente cuando no tengo la posibilidad de ayudarle de alguna otra manera.
La vida es como un rollo de papel; mientras más se acerca a su fin, más rápido se acaba.
He de estar contento porque Dios no me dio todo lo que le pedí.
Las pequeñas cosas de todos los días son las que hacen la vida tan espectacular.
No debo ser duro con quienes muestra su coraza más dura, porque detrás hay alguien que quiere y necesita ser apreciado y amado.
Si el Señor no lo hizo todo en un día. ¿Qué me hace pensar que yo puedo?.
La forma más fácil de crecer como persona es rodearme de gente más capaz que yo.
Quiero pensar que todos con los que me encuentro merecen que los reciba con una sonrisa.
Ninguna persona es perfecta hasta que te enamoras de ella.
Si la vida es dura, yo aun soy más duro.
Las oportunidades nunca se pierden; alguien tomará las que yo deje pasar.
Mis palabras deben ser tiernas, porque mañana tal vez deba masticarlas.
Una sonrisa es la forma más barata de mejorar mi presencia.
Cuanto menos tiempo tengo disponible, más cosas termino.
Ser positivo me ayuda a tener una vida mejor.
Los buenos amig@s se preocupan de saber qué me agrada. Y viceversa.
Volar es hermoso y lo puedo hacer sentado.
Siendo humilde, soy más grande y poderoso.
Siento que dar es reconfortante, incluso más que recibir.
Desearía haberle dicho más veces a mis padres que los quiero, antes de que se hayan ido.

La vida es corta y hermosa, y lo mejor es que esto depende solo de mí.