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miércoles, 7 de septiembre de 2011

Aprecia lo bueno que tienes


Si te has despertado hoy, con fuerzas y sin dolor, tienes más suerte que otros muchos.

Si nunca has conocido los peligros de la guerra, la soledad de la prisión, el hambre… estás por encima de 500 millones de personas en el mundo.

Si puedes ir a la Iglesia, o seguir tus creencias sin ser perseguido, tienes más suerte que 3.000 millones de personas en este planeta.

Si tienes tus necesidades básicas cubiertas, eres más rico que el 75% de los demás humanos.

Si tienes unos ahorros, por poco importantes que sean, eres parte del 10% de la población próspera del mundo entero.

Si has visto a tus padres hacerse viejecitos juntos, eres un caso poco común.

Si llevas una sonrisa en tu cara, y estás agradecido por todo, tienes suerte, porque la mayoría de la gente lo puede hacer, pero no lo hace.

Si puedes tomar la mano de alguien, abrazarlo o solamente tocar su hombro alégrate, nunca te sentirás solo.

Si puedes leer este mensaje, has recibido una doble bendición, ya que primero alguien ha pensado en ti, y segundo tienes más suerte que 2.000 millones de personas que no saben leer.

Comparte y divulga este mensaje, para que tu familia, amigos, incluso tus enemigos, se den cuenta de todo lo que tienen.

PIENSA EN TU SUERTE Y DISFRÚTALA

martes, 6 de septiembre de 2011

Sobre la depresión


La depresión en una verdadera fuente de sufrimiento, que nos roba la alegría y nos inyecta una maldita impotencia, pero lo peor es que, a diferencia de otras enfermedades,  solo la ve quien la padece, lo que genera la incomprensión de los demás, haciéndola aun más grave.

Los pensamientos negativos desempeñan un papel muy importante en la depresión y en nuestro estado de ánimo y, a su vez,  un estado de ánimo negativo genera pensamientos negativos, y así se retroalimentan unos a otros.
Lo mismo ocurre con las consecuencias físicas que provoca la depresión (tensión, dolores, agitación, fatiga, pérdida de apetito, aumento de peso, ciclos del sueño alterados…) que nos dejan “chafados” y así se nutren los pensamientos negativos.

Todo ello se debe a un patrón mental o modo de funcionamiento de la mente, que se activa de forma automática, por algo desagradable sobre lo que apenas nos dimos cuenta o que ya ni siquiera recordamos, y que debería tener como objetivo eliminar las sensaciones que nos provoca la brecha que existe entre como son las cosas realmente y como nos gustaría que fuesen, lo que está bien en periodos de normalidad, pero que se vuelve en nuestra contra en una fase depresiva.

Cuantas más veces hayamos estado sufriendo estados depresivos en el pasado, más frecuentes e intensos son los diálogos interiores que mantenemos con interminables preguntas, que nos conducen a una autocritica injustificada y a sentimientos de culpabilidad, en un automonólogo que no paramos de rumiar.

¿Y qué podemos hacer?

Poner en marcha la conciencia, muchas veces dormida, a través  de la atención plena, poniendo toda nuestra atención en las cosas, tal y como son ahora y aquí, sin juzgar, sin analizar, dejando a un lado nuestros objetivos y deseos, dando la bienvenida al momento presente, tal y como es, al margen de cómo nos gustaría que fuese, desconectando el piloto automático con el que vivimos la mayor parte del tiempo y siendo conscientes de que nuestros pensamientos solo son acontecimientos mentales pasajeros que no tienen porque coincidir con la realidad.

También podemos cambiar el ritmo frenético que caracteriza nuestras vidas y prestar más atención a nuestras sensaciones conscientes, a las actividades que vamos haciendo a lo largo del día.

Cuando comemos, cuando lavamos los platos, cuando conducimos… caemos fácilmente en el hábito ya arraigado de soñar despiertos, de resolver problemas mentalmente, de rumiar cada pensamiento, y así es muy probable caer en lo patrones de los pensamientos negativos, de forma inconsciente.

Esto es lo que vamos a evitar, dándonos cuenta, detectando cuando vamos con el piloto automático y salir de él para adoptar una consciencia plena que solo nosotros controlamos.

LO URGENTE


URGENTE...
Es una palabra con la que vivimos
día a día en nuestra agitada vida
y a la cual le hemos perdido ya
todo significado de premura y prioridad.


URGENTE...
Es ya, un ritmo de vida...
una forma de "pasar" la vida.


URGENTE...
Es la manera
más pobre
de vivir
sobre este mundo,
porque el día que nos vamos,
dejamos pendientes las cosas
que
VERDADERAMENTE
fueron
URGENTES.

URGENTE...
Es que hagas un alto
en tu ajetreada vida
y por un instante
te preguntes:
¿Qué significado tiene
todo lo que hago?

URGENTE...
Es que te detengas
y veas ¡cuán grande eres!

URGENTE...
Es que cuando camines por la calle,
levantes la vista,
y mires a tu alrededor,
observes el cielo,
los árboles, las aves y a la gente.

URGENTE...
Es que seamos más humanos...
más hermanos

URGENTE...
Es que sepamos valorar el tiempo
que nos pide un niño

URGENTE...
Es que una mañana,
te levantes temprano y veas salir el sol,
sientas su calor y le des gracias a la naturaleza por tan gran regalo.

URGENTE...
Es que te sientas vivo en cuerpo y alma...
que veas tu cuerpo,
tu inteligencia,
y de verdad vibres con la vida.

URGENTE...
Es que te tomes un instante en tu trabajo,
salgas, y respires profundo;
y sientas como el aire llena tus pulmones... ¡ESTÁS VIVO!

URGENTE...
Es que mires a tu familia...
y a todos los que te rodean,
y valores tan gran tesoro.

URGENTE...
Es que le digas a la gente que quieres,
cuánto la amas

URGENTE...
Es que no se te vaya la vida en un soplo
y que cuando te des cuenta,
ya no puedas volver el tiempo atrás;
que has sido exigente contigo y con los demás,
que llenaste tu agenda de "urgencias, citas y proyectos"...
pero dentro de todo... SE TE OLVIDÓ VIVIR

Lo que el corazón quiere, la mente se lo muestra



Según cómo nos hablamos a nosotros mismos, en nuestro incesante dialogo interno, moldeamos nuestras emociones, y éstas cambian nuestras percepciones.
Científicos de Harvard han demostrado que cuando la persona consigue reducir esa cacofonía interior y entrar en el silencio, las migrañas y el dolor coronario pueden reducirse un 80%.
“Un minuto entreteniendo un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas”
HAY QUE ENTRENAR ESTA ACTITUD.

Hasta ahora lo decían los iluminados, los meditadores y los sabios; ahora también lo dice la ciencia: son nuestros pensamientos los que en gran medida han creado y crean continuamente nuestro mundo.

“Hoy sabemos que la confianza en uno mismo, el entusiasmo y la ilusión tienen la capacidad de favorecer las funciones superiores del cerebro. La zona prefrontal del cerebro, el lugar donde tiene lugar el pensamiento más avanzado, donde se inventa nuestro futuro, donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones, está tremendamente influida por el sistema límbico, que es nuestro cerebro emocional. Por eso, lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando”. Hay que entrenar la mente.



Entrevista a MARIO ALONSO PUIG:
Tengo 48 años. Nací y vivo en Madrid. Estoy casado y tengo tres niños. Soy cirujano general del aparato digestivo en el Hospital de Madrid. Hay que ejercitar y desarrollar la flexibilidad y la tolerancia. Se puede ser muy firme con las conductas y amable con las personas.


Más de 25 años ejerciendo de cirujano. ¿Conclusión?
Puedo atestiguar que una persona ilusionada, comprometida y que confía en sí misma puede ir mucho más allá de lo que cabría esperar por su trayectoria.
¿Psiconeuroinmunobiología?
Sí, es la ciencia que estudia la conexión que existe entre el pensamiento, la palabra, la mentalidad y la fisiología del ser humano. Una conexión que desafía el paradigma tradicional. El pensamiento y la palabra son una forma de energía vital que tiene la capacidad (y ha sido demostrado de forma sostenible) de interactuar con el organismo y producir cambios físicos muy profundos.
¿De qué se trata?
Se ha demostrado en diversos estudios que un minuto entreteniendo un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas. El distrés, esa sensación de agobio permanente, produce cambios muy sorprendentes en el funcionamiento del cerebro y en la constelación hormonal.
¿Qué tipo de cambios?
Tiene la capacidad de lesionar neuronas de la memoria y del aprendizaje localizadas en el hipocampo. Y afecta a nuestra capacidad intelectual porque deja sin riego sanguíneo aquellas zonas del cerebro más necesarias para tomar decisiones adecuadas.
¿Tenemos recursos para combatir al enemigo interior, o eso es cosa de sabios?
Un valioso recurso contra la preocupación es llevar la atención a la respiración abdominal, que tiene por sí sola la capacidad de producir cambios en el cerebro. Favorece la secreción de hormonas como la serotonina y la endorfina y mejora la sintonía de ritmos cerebrales entre los dos hemisferios.
¿Cambiar la mente a través del cuerpo?
Sí. Hay que sacar el foco de atención de esos pensamientos que nos están alterando, provocando desánimo, ira o preocupación, y que hacen que nuestras decisiones partan desde un punto de vista inadecuado. Es más inteligente no ser razonable y llevar el foco de nuestra atención a la respiración, que tiene la capacidad de serenar nuestro estado mental.
¿Dice que no hay que ser razonable?
Siempre encontraremos razones para justificar nuestro mal humor, estrés o tristeza, y esa es una línea determinada de pensamiento. Pero cuando nos basamos en cómo queremos vivir, por ejemplo sin tristeza, aparece otra línea. Son más importantes el qué y el porqué que el cómo. Lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando.
Exagera
Cuando nuestro cerebro da un significado a algo, nosotros lo vivimos como la absoluta realidad, sin ser conscientes de que sólo es una interpretación de la realidad.
Más recursos…
La palabra es una forma de energía vital. Se ha podido fotografiar con tomografía de emisión de positrones cómo las personas que decidieron hablarse a sí mismas de una manera más positiva, específicamente personas con trastornos psiquiátricos, consiguieron remodelar físicamente su estructura cerebral, precisamente los circuitos que les generaban estas enfermedades.
¿Podemos cambiar nuestro cerebro con buenas palabras?
Santiago Ramón y Cajal, premio Nobel de Medicina en 1906, dijo una frase tremendamente potente que en su momento pensamos que era metafórica. Ahora sabemos que es literal: “Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”.
¿Seguro que no exagera?
No. Según cómo nos hablamos a nosotros mismos moldeamos nuestras emociones, que cambian nuestras percepciones. La transformación del observador (nosotros) altera el proceso observado. No vemos el mundo que es, vemos el mundo que somos.
¿Hablamos de filosofía o de ciencia?
Las palabras por sí solas activan los núcleos amigdalinos. Pueden activar, por ejemplo, los núcleos del miedo que transforman las hormonas y los procesos mentales. Científicos de Harvard han demostrado que cuando la persona consigue reducir esa cacofonía interior y entrar en el silencio, las migrañas y el dolor coronario pueden reducirse un 80%.
¿Cuál es el efecto de las palabras no dichas?
Solemos confundir nuestros puntos de vista con la verdad, y eso se transmite: la percepción va más allá de la razón. Según estudios de Albert Merhabian, de la Universidad de California (UCLA), el 93% del impacto de una comunicación va por debajo de la conciencia.
¿Por qué nos cuesta tanto cambiar?
El miedo nos impide salir de la zona de confort, tendemos a la seguridad de lo conocido, y esa actitud nos impide realizarnos. Para crecer hay que salir de esa zona.
La mayor parte de los actos de nuestra vida se rigen por el inconsciente.
Reaccionamos según unos automatismos que hemos ido incorporando. Pensamos que la espontaneidad es un valor; pero para que haya espontaneidad primero ha de haber preparación, si no sólo hay automatismos. Cada vez estoy más convencido del poder que tiene el entrenamiento de la mente.
Deme alguna pista.
Cambie hábitos de pensamiento y entrene su integridad honrando su propia palabra. Cuando decimos “voy a hacer esto” y no lo hacemos alteramos físicamente nuestro cerebro. El mayor potencial es la conciencia.
Ver lo que hay y aceptarlo.
Si nos aceptamos por lo que somos y por lo que no somos, podemos cambiar. Lo que se resiste persiste. La aceptación es el núcleo de la transformación.

Entrevista aparecida en La Vanguardia Digital, de España.

Mejorar nuestra comunicación


  • Elegir y pactar los mejores momentos y ambientes para todas las partes.
  • Dejar que acabe al que habla. No interrumpirle y mantener la atención hasta el final.
  • Los problemas y los conflictos no hay que tratarlos en el momento de máxima tensión pero, pasado este, hay que resolverlos lo antes posible y, sobre todo, no acumularlos.
  • Estar muy atentos a cuanto se nos dice y a lo que se nos pretende decir realmente.
  • Debemos confirmar que nos han entendido y que les hemos entendido.
  • Evitar confusiones y malentendidos.
  • Empezar cada conversación con la mejor predisposición.
  • No ponernos a la defensiva.
  • Mantener la serenidad cuando no escuchamos lo que deseamos oír, o les
  • cuesta entender lo que queremos decir.
  • Cuando una conversación se tuerza, cortar y aplazar.
  • Utilizar el tono más agradable y una sonrisa.
  • Darnos cuenta cuando no lo estamos haciendo bien, en el mismo momento.
  • Escucharnos a nosotros mismos.
  • Avisar con gestos a quienes nos demos cuenta está empezando a perder el control.
  • Utilizar el tono más agradable y una sonrisa.
  • Máxima empatía.
  • Control emocional.
  • Asertividad.
  • Implicarnos todos en mejorar las comunicaciones entre compañeros, clientes,proveedores, reuniones…
  • Promover por los jefes de equipo la comunicación entre departamentos que realicen tareas en las que se interrelacionan.
  • Los acuerdos han de escribirse y comprobar que ocurre lo que hubiéramos pactado

40 consejos positivos



1.- Camina de 10 a 30 minutos todos los días. Mientras caminas, sonríe.
2.- Siéntate en silencio y en un lugar tranquilo, por lo menos 10 minutos cada día.
3.- Escucha buena música todos los días, es un auténtico alimento para el espíritu.
4.- Al levantarte en la mañana di “Mi propósito hoy es…”.
5.- Vive todos los momentos con energía, alegría y empatía.
6.- Juega más juegos y diviértete más que el año pasado.
7.- Lee más libros que el año pasado.
8.- Mira al cielo al menos una vez al día y date cuenta de la majestuosidad del mundo que te rodea.
9.- Sueña más mientras estás despiert@.
10.- Come más alimentos que crezcan en los árboles y en las plantas y menos alimentos que sean manufacturados en plantas industriales.
11.- Come arándanos y nueces. Toma té verde, mucha agua y una copa de vino al día (asegúrate de brindar con ella por algo hermoso de lo mucho que hay en tu vida y, de ser posible, hazlo en compañía de quien amas).
12.- Trata de hacer reír a por lo menos 3 personas cada día.
13.- Elimina el desorden de tu casa, tu coche y tu escritorio, y deja que nueva energía fluya en tu vida.
14.- No gastes tu precioso tiempo en chismes, cosas del pasado, pensamientos negativos o cosas fuera de tu control.  Mejor invierte tu energía en lo positivo del presente.
15.- Date cuenta que la vida es una escuela y tú estás aquí para aprender. Los problemas son lecciones que van y vienen, lo que aprendes de estos es para toda la vida.
16.- Desayuna como rey, come como príncipe y cena como mendigo.
17.- Sonríe siempre y ríe más.
18.- No dejes pasar la oportunidad de abrazar a quien aprecias.
19.- La vida es muy corta como para desperdiciar el tiempo odiando a alguien.
20.- No te tomes a ti mismo tan en serio. Nadie más lo hace.
21.- No tienes que ganar cada discusión. Acepta que no estás de acuerdo y aprende del otr@.
22.- Ponte en paz con tu pasado, así no arruinarás tu presente.
23.- No compares tu vida con la de otros. No tienes idea del camino que ellos han andado en la vida.
24.- Nadie está a cargo de tu felicidad, excepto tu mismo.
25.- Recuerda que tú no tienes el control de todo lo que te sucede, pero sí de lo que haces con ello.
26.- Aprende algo nuevo cada día.
27.- Lo que la demás gente piense de ti no es de tu incumbencia.
28.- Aprecia tu cuerpo y disfrútalo.
29.- No importa que tan buena o mala sea la situación, ésta cambiará.
30.- Tu trabajo no se ocupará de ti cuando estés enfermo. Tus amigos sí lo harán. Mantente en contacto con ellos.
31.- Desecha cualquier cosa que no sea útil, bonita o divertida.
32.- La envidia es una pérdida de tiempo. Tú ya tienes todo lo que necesitas.
33.- Lo mejor está aún por venir.
34.- No importa cómo te sientas, levántate, vístete y vé donde tengas que ir.
35.- Ten sexo maravilloso, siempre con plenitud de tu ser.
36.- Llama a tus familiares con frecuencia y diles ¡Estoy pensando en ti!
37.- Cada noche antes de acostarse di: Doy gracias por…Hoy conseguí…
38.- Recuerda que estás demasiado bendecido como para estar estresado.
39.- Disfruta del viaje. Sólo tienes una oportunidad, sácale el mayor provecho.
40.- Por favor difunde estos consejos entre quienes te importan.

LA VIDA ES BELLA, DISFRÚTALA CADA MINUTO.
QUE TENGAS UN MARAVILLOSO DÍA, MI ESTIMAD@ AMIG@.

VIVIR EL INSTANTE






 (Texto inspirado en mis notas y trabajos del seminario de yoga de marzo del 2.005)

REFLEXIONES GENERALES



Vivir el instante es lo único que tenemos, es lo esencial, es vivir de verdad la vida.
Es lo más importante a lo que nos habríamos de dedicar en nuestra vida.

Puede ser ese cielo que esperamos para después y que tenemos aquí y ahora.

Cualquier otra actitud supone un dejarse llevar inconsciente, sin sentir la vida, es como no vivirla, o como vivirla medio dormido, es como pasar junto a algo hermoso y no darnos cuenta ni disfrutarlo.
Cualquier cosa que no es ahora, es nada.
No vivir y disfrutar de cada instante es como echar trozos de nuestras vidas a la basura, y lo peor es que ya no los podremos recuperar de ese contenedor.

El pasado es el que fue, nos puede aportar experiencia, pero un análisis demasiado exhaustivo nos despistará del presente.
Preparar el futuro nos dispondrá mejor para cuando se transforme en el presente, pero planificarlo en exceso nos resta momentos de la vida actual, que es la única que hay realmente.
Y esto nos ha de llevar al equilibrio, imprescindible para disfrutar de cada instante.

Para el cambio de actitud hacia esa otra manera de vivir, ha de surgir primero un verdadero deseo, y después potenciar al máximo la imprescindible consciencia.

Será inevitable que, de vez en cuando, aunque será cada vez menos, la mente nos lleve a la inercia de lo que le resulte más cómodo, a las rutinas aprendidas e instaladas, a la hiperactividad estresante.
Solo hay que darse cuenta, sin implicarnos y sin agobios, y volver a la consciencia del aquí y del ahora.


REFLEXIONES PERSONALES


Nuestra actitud habitual e instalada durante años nos llevará a eludir nuestra responsabilidad sobre nosotros mismos y nuestro destino.
También echaremos balones fuera y pensaremos que esto son cosas de esas “raras” que no sirven para nada y que no van conmigo.
Si es así te sugiero que abras la mente y te plantees lo poco que pierdes probando y experimentado por ti mismo, y aceptando la posibilidad de que puede haber otras maneras de vivir la vida.

Quizá hayas de parar en tu vida y pensar en lo placentero que es:
- Aprender y mejorar de todas las cosas que te vayan pasando en la vida.
- Buscar tus propios principios y que los de los demás solo sean meras referencias.
- Que no necesites tantas veces la aprobación de los demás.
- Que asumas lo buenos maestros que son los garantizados problemas y conflictos que vas a tener y aprendas a disfrutar con su resolución o, si esto no es posible, con su aceptación.
- Darte cuenta de la fuerza de los pensamientos positivos.
- Repasar el pasado solo para construir tu propio futuro, sin despistarnos del presente.

Quizá tengas que darte cuenta de que, inconscientemente y casi siempre, nos estamos dejando atrapar por la competitividad, esa agobiante actitud que nos lleva a continuas comparaciones de lo que tenemos, de lo que pensamos que es la verdad, de lo que creemos son nuestros defectos o nuestras gracias, todo ello en relación con lo que tienen y son los demás, y así lo convertimos en algo gratificante si nos creemos más o mejores o en algo frustrante si nos creemos menos o peor.
Si casi siempre estamos juzgando y comparando, la consecuencia es que podemos pasar del sentirnos bien a sentirnos mal, y que ello ocurre en función de nuestra actitud, sin que sea cuestión de los demás.

Para vivir el instante y vivir de verdad, has de asumir que todo depende de ti mismo, solo tú lo puedes conseguir, o no.
Habrás de adoptar una actitud protagonista, deberás dejar de juzgar y fijarte tanto en lo demás y en los demás y empezar a observar y observarte a ti mismo, modificando aquello que notes que no te permite ser tu mismo y empezando a dejar de ser el reflejo de lo que admiras.
No importa el resultado final, este camino se anda tranquilamente, sin obsesiones, sin agobios, disfrutando de cada paso, incluidos los equivocados, pero dándote cuenta de todo lo que va pasando y siendo lo más consciente que te sea posible.


SUGERENCIAS PARA VIVIR EL INSTANTE


Hay cosas básicas sobre las que deberemos apoyar prioritariamente nuestras actitudes y nuestros principios:
La felicidad, la nuestra y la de los demás, por ese orden.
La libertad, la nuestra y la de los demás, de forma simultánea.
El amor tolerante y sin condiciones, hacia nosotros y hacia todo lo demás.
El vivir conscientemente, disfrutando de cada cosa y de todo.
Lo importante que es el aquí y el ahora.
La flexibilidad que nos evita los agobios y promueve nuestra evolución.
La necesidad de los problemas que nos ayudan a mejorar.

Como nada es estático, ni para siempre, todo va cambiado cada día.
Hay que desapegarse de los malos momentos que siempre van a venir a visitarnos, porque estamos seguros de que ineludiblemente cambiarán o terminarán.
Los observaremos tranquila y objetivamente, los comprenderemos y los analizaremos, y así apenas nos afectarán.

Habremos de ser conscientes de cada momento, escuchando, observando y sintiendo.
Cuando lleguen la inconsciencia y los despistes por los pensamientos acerca de los momentos que no existen, no los rechazaremos y los dejaremos fluir, para no implicarnos en ellos, para volver a centrarnos en el presente, en cada uno de nuestros exclusivos instantes.
Vamos a darnos cuenta de que la rutina nos envuelve y nos absorbe, y de que solo la podemos controlar desde la consciencia continua.
Vamos a aprender a escuchar, afuera y adentro.
Así iremos adquiriendo poco a poco la mejor sabiduría, la que se basa en nuestras propias experiencias.

Cuando miramos y observamos, hemos de lograr ver lo que realmente hay, lo que realmente es, sin los filtros y las distorsiones de nuestra subjetividad, de nuestros juicios previos, de lo que deseamos ver, de lo que los demás nos dicen o han dicho en toda nuestra vida que es.
La claridad es imprescindible para un buen análisis, para observar y contrastar, y para elegir por nosotros mismos.
Hemos de darnos cuenta de donde estamos y de lo que somos, sin confundirlo con lo que creemos o deseamos ser o estar.
Así, con buenos juicios, nuestras decisiones y actos serán más conscientes y más acertados.

No nos vamos a comparar con nada ni con nadie.
Solo nos va a importar lo que sentimos nosotros con lo que tenemos y lo que somos ahora.
No vamos a buscar ideales afuera, los buscaremos dentro de nosotros mismos.
Vamos a asumir que es más cómodo hablar y juzgar, que escuchar y aceptar los juicios nuestros y de los demás sobre nosotros, sabiendo no obstante que lo primero solo nos da las coartadas y lo segundo es lo que nos va a ayudar a evolucionar.
Así, con la paz que nos proporcionará el no juzgar ni comparar, nos sentiremos mejor y disfrutaremos más de cada uno de nuestros únicos e irrepetibles instantes.

Vamos a empezar a saborear y a hacer aquellas cosas que nos hacen sentir bien, y disfrutar en ese mismo momento.
Tendremos en consideración la opinión de los demás, pero no como para que nos afecte tanto que al final les cedamos el poder y el derecho de no que no nos dejen ser nosotros mismos.
Así cantaremos, bailaremos, actuaremos,… como si estuviéramos solos y ajenos a los pareceres de otros, disfrutando desde dentro y al margen de los juicios de los demás.

Vamos a ser flexibles.
No todo lo que nos acontezca nos gustará, ni ocurrirá en la forma que pensábamos, ni cuando nos gustaría que pasase.
Un enfrentamiento rígido ante la adversidad generará un nuevo problema añadido y su lógico malestar.
Vamos a encontrar la manera de adaptarnos tranquilamente a lo que nos vaya llegando, solventándolo o incorporándolo, como hace la sabia naturaleza.
Vamos a fijarnos expectativas como un reto flexible, y no como listones inamovibles.
Lo ideal es vivir cada instante, pero ni siquiera esto nos debe obsesionar, sobre todo por que eso mismo es lo que nos lo impediría o nos lo dificultará un poco más.
Así nos permitiremos una evolución personal moderada pero implacablemente perfecta, feliz y equilibrada.

Vamos a fijarnos y observar a nuestros egos.
Sin enfrentarnos a ellos, forman parte de nuestra naturaleza humana.
Sin ignorarlos y sin dejarles que nos dominen.
Así aprenderemos a convivir con ellos, sin que nos impidan vivir y disfrutar cada instante.


Vamos a ser asertivos los más momentos que nos sea posible.
Nos daremos cuenta de cuando estamos siendo pasivos o agresivos y buscaremos el equilibrio de la actitud asertiva.
No le tendremos miedo al miedo, solo hemos de darnos cuenta de él y cuidarnos de que no nos paralice.
Comprobaremos que los pensamientos positivos nos dan fuerza (mental y física) y los negativos nos la quitan, y empezaremos a cultivar los positivos y a dejar pasar los negativos.
Ya decimos muchas veces lo que no nos gusta, pues también y sobre todo, ahora vamos a decir lo que sí que nos gusta.
Así conseguiremos lo que deseamos y lo disfrutaremos, sin que los demás se enojen por nuestra actitud. Si se han de enfadar por lo que hacemos o sentir mal por lo que no hacemos, que sea por su actitud, no por la nuestra.

Vamos a sentirnos responsables de nosotros mismos, de cómo nos va la vida, de las cosas que nos van pasando, de cómo nos sentimos, de cómo somos, de cómo nos tratan los demás, …
Vamos a dejar de echar la culpa y la responsabilidad a circunstancias ajenas a nosotros, a lo demás y a los demás, porque al final hemos terminando creyendo que no podemos hacer nada por nuestras vidas y la observamos como desde fuera, con la comodidad de creernos que son otros y otras cosas los que no nos dejan cambiarla.
Así, sabiendo que somos nosotros los que elegimos, consciente o inconscientemente, elegiremos vivir la vida en cada instante.

Vamos a fijarnos en que le damos nosotros a nuestras vidas y que ponemos de nuestra parte, para que nos sintamos en el derecho de exigirle que ella nos dé ahora mismo lo que tanto deseamos.
Así, con más autocrítica, fluirán mejor las respuestas y las soluciones.


Vamos a vivir cada día, como si fuera el último.
Vamos a hacer todo aquello que no nos querríamos dejar pendiente si la vida nos dejara, lo vamos a priorizar y a planificar, y sobre todo vamos a empezar ya.
Vamos a hacer que lo que siempre ha sido ordinario ahora sea extraordinario.
Vamos a anotar en algún calendario visible y al final de cada jornada, si ese día lo hemos vivido de verdad, y así sabremos y nos daremos cuenta de los días que realmente vivimos y los días que solamente estamos aquí.


Con estas reflexiones, las que añadas tú mismo y las que aprenderás en el camino, vivirás realmente cada instante de tu vida, siempre que esa sea tu verdadera decisión consciente y la incorpores plenamente a tu actitud.
Y si no lo consigues tan pronto como tu quisieras, no te preocupes, disfruta mientras lo vas intentando y comprobando que cada vez es un poquito más fácil.
Y si crees que esto no se puede conseguir, pero al menos tienes la valentía de decidir intentarlo, ese solo hecho y ser consciente de lo que va pasando en tu vida, ya te hará sentir mejor y vivir más plenamente cada instante, y por tanto la vida, y por ahora, que sepamos, es lo único y la única que tenemos.

  
OTRA REFLEXIÓN SOBRE VIVIR EL AQUÍ Y EL AHORA


Nos convencemos y nos decimos a nosotros mismos que la vida será mejor después de algo que ahora no tenemos y deseamos.
Después de terminar la carrera, después de conseguir trabajo, después de casarnos, después de tener un hijo, después de tener otro, después de conseguir el aumento de sueldo, después de organizar mejor mi empresa, después de tener tal coche, después de que lleguen las vacaciones, después de retirarnos, después de …
No sentimos frustrados cuando hemos conseguido lo que esperábamos y poco después nos damos cuenta de que ahora nos falta cualquier otra cosa.

La verdad es que no hay mejor momento para ser feliz y vivir de verdad la vida que ahora mismo.
Si no es ahora, ¿Cuándo?
La vida está llena de luegos, de retos, de objetivos que lograr, …
Es mejor darse cuenta y decidir ser felices ahora.
Nos hay un después, ni un camino para llegar a la felicidad, porque la felicidad es el camino, y el camino lo estamos andando ahora.
Atesora cada momento que vives, disfrútalo y compártelo.

Así que deja de esperar a que termines de estudiar, hasta que te enamores, hasta que encuentres trabajo, hasta que te cases, hasta que tengas hijos, hasta que se vayan de casa, hasta que te divorcies, hasta que pierdas esos kilos de más, hasta el viernes por la noche, hasta el partido de tu equipo, hasta que se pase el frío, hasta que se pase el calor, hasta que te jubiles, hasta que te mueras, hasta … y decide que no hay mejor momento para ser feliz que justamente este mismo, ahora, aquí.

La felicidad es un trayecto, no un destino.
Trabaja como si no necesitaras el dinero.
Ama como si nunca te hubieses herido.
Baila como si nadie te estuviera viendo.
Disfruta cada momento como si fuera el último.

Y empieza a hacerlo, ahora mismo.


Los seis pilares de la autoestima, tan necesaria, son:


-      Vivir conscientemente, sin el piloto automático.
-      Aceptarnos como somos, en lo bueno y lo menos bueno.
-      Asumir la responsabilidad de hacer de nuestra vida lo que deseamos.
-      Afirmarnos en nuestra personalidad, no buscarla en la de los demás.
-      Vivir con determinación (pensar, decidir y actuar).
-      Ser honestos y buena gente.

El maldito estrés no es la causa de lo que nos pasa, es la consecuencia de cómo nos tomamos lo que nos pasa.
La principal fuente de estrés son los medios de comunicación, con su información de catástrofes, acontecimientos y vaticinios negativos, que no obstante deben de dárnosla porque nosotros se la pedimos. Qué ironía.
Lo que realmente genera estrés es querer más de lo que es posible, y la consiguiente frustración de no conseguirlo.
Hemos de cambiar nuestra actitud para: O nos proponemos menos, o trabajamos más y mejor.

La queja que tanto practicamos es el combustible que alimenta muchos conflictos personales, y provoca que se repitan sin cesar.
Tenemos que dejar de vivir en la queja, y aprender a hacernos cargo de las auténticas necesidades que se ocultan tras esa actitud de escape.
Todos, de una u otra manera, caminamos por la vida con el deseo de que nos lleven, en lugar de ejercitar nuestras propias piernas y de asumir nuestra responsabilidad sobre la vida que queremos tener.

Las personas que se relacionan mejor y más cálidamente con los demás, sienten más los beneficios de sentir con amor, gozan de mejor salud y están más satisfechas con su vida. Así que vamos a cuidar mejor nuestras relaciones.

Una de las cosas más importantes que podemos dejar de hacer es comprar cosas que no necesitamos para impresionar a otras personas que no nos importan tanto como para esto.

Muchos padres nos matamos a trabajar para dar a nuestros sus hijos lo que creemos que les hace falta o lo que vemos que tienen los demás y, sin darnos cuenta, les privamos de lo que más falta les hace, nosotros mismos, nuestra propia presencia, que nos sientan a su lado más veces.

Sentimos miedo de perder a nuestra pareja, porque existen otras opciones y las puede elegir a ellas, en lugar de pensar lo bonito que es que, teniéndolas, nos elija a nosotros.

Una gran parte de nuestro tiempo lo dedicamos a encontrar argumentos, a veces increíbles, para seguir creyendo en lo que deseamos creer.

La vida es lo que nos va sucediendo, mientras estamos despistados haciendo planes.

La sinceridad no es decir todo lo que uno piensa, bastaría con no decir lo contrario de lo que pensamos, y sobre todo decirlo solo cuando con ello ayudemos a quien nos escucha, y hasta donde esté preparado para oír.
Si somos sinceros, para descargar nuestra necesidad de soltar, y hacemos daño ¿de qué sirve al otro? ¿y a nosotros?

No miremos solo los defectos en los demás, seguro que también tienen cosas buenas, si se equivocan no les juzguemos duramente, intentemos comprenderlos y apoyarlos, salvo que rechacen que lo hagamos, claro.

La mente flexible es la que nos permite adaptarnos mejor a nuestro entorno, y a afrontar la realidad con más confianza.
La mente flexible tiene en cuenta la norma, pero también los factores equilibrantes que la apaciguan.
Hemos de ser sensibles a los otros puntos de vista, sin vernos en la obligación de aceptarlos, pero intentando averiguar sus fundamentos. Luego ya decidiremos lo que nos parezca mejor, pero nunca antes.
No nos conviene aceptar como bueno lo que digan los demás con los que simpatizamos, simplemente porque lo digan ellos, si lo hacemos así ¿dónde está nuestra personalidad?
No temamos la controversia cuando es constructiva, hemos de ser capaces de dudar de nosotros mismos sin entrar en crisis por ello.
La perseverancia es muy buena, pero requiere de un límite para que no se convierta en fanatismo, hemos de aprender a que no es tan importante ganar siempre.

La ternura es la mezcla de la dulzura y del amor, es un estado de ánimo profundamente humano, que reconforta a quien la recibe y conmueve a quien la ofrece.
Algunas personas no recibieron bastante ternura en su juventud, lo que les dificulta sentirla y sobre todo expresarla, no les castiguemos por ello.
La ternura la expresamos cuando manifestamos una sonrisa, suave y tranquila, y la dirigimos a un niño que duerme, a un padre que envejece o a nuestra pareja cuando se tambalea.
La sentimos cuando no deseamos lastimar al otro, aun cuando sabemos que podemos hacerlo, porque es, o ahora está, frágil.
No hace falta sentirnos superiores, ni demostrarlo, incluso aunque lo fuéramos.
Nos sentimos más amados cuando mostramos nuestra debilidad sabiendo que el otro no se servirá de ella para afirmar su fuerza.

Si creemos verdaderamente en la otra persona, podremos crear un espacio en el que compartiremos voluntariamente aquello que queramos, sin mentiras ni secretos incómodos.
Quienes invaden los espacios personales de sus parejas, son aquellos que más fácilmente encuentran justificaciones para hacerlo.
Si no dejamos zonas para la intimidad y la privacidad, aparecerán los secretos y las mentiras, incluso contra la voluntad de los mismos involucrados. Dejémosles que decidan qué quieren compartir con nosotros, siendo que así lo harán más a menudo.
La confianza verdadera se da cuando crees al otro, sin necesidad de tener, ni de buscar, pruebas.

Cuando el objetivo de una disputa es encontrar sinceramente la verdad, determinar quien tenía razón pierde importancia, pero cuando lo que buscamos es saber quién gana, lo que pierde importancia es la verdad.

Cuando hablamos con los demás y decidimos insistir en nuestras soluciones, en mostrar que sabemos mucho, quizá refuerza nuestro ego, pero demostrar que nuestro punto de vista es mejor no le resultará muy útil al otro, ni a nosotros.
Sin embargo, escuchar verdaderamente su punto de vista, entender cómo vive las cosas, para comprenderle, le permitirá sentirse escuchado, respetado y mucho mejor, y le contagiaremos para que él también haga lo mismo con nosotros.

Alcanzar nuestras metas resulta más fácil si tenemos pensamientos positivos.
Hay personas que se han planteado tantas veces las mismas metas, que ya no las toman en serio, ni ellos ni su entorno, asumen que no son constantes y por eso se rinden con mucha facilidad… pero tener metas claras y concretas, importantes para nosotros, no solo para los demás, escribirlas y meditar sobre ellas muchas veces, nos ayuda a centrarnos, a usar y desarrollar nuestras fortalezas, a estructurar mejor nuestro tiempo y a tener una mayor sensación de control, de logro y de éxito.

Tener una buena familia y unos buenos amigos es vital para encontrar un lugar donde descansar de la agresividad de la vida diaria.

Tenemos la mala costumbre de ignorar lo que la vida sí que nos da, lo que sale mejor de lo que esperábamos, para centrarnos en lo que echamos de menos. Qué lástima ¿no?
Sentimos menos necesidades propias cuando más vemos, notamos y sentimos las de los demás.
No esperes a que tu amigo venga a descubrirte su necesidad, ayúdale antes.
Si considerásemos a los demás tan bien como si fuéramos nosotros, sus acciones más reprochables nos parecerían merecedoras de una mayor indulgencia.
Cuando no comprendemos una cosa, podemos declararla absurda o superior a nuestro entendimiento. Casi siempre elegimos lo primero.
Tendemos a juzgar a los demás según lo que pensamos de nosotros mismos. Así que fijémonos en lo que no nos gusta de los demás, porque tiene bastante que ver con lo que no nos gusta de nosotros.

Si la anticipación del posible problema nos lleva a tomar medidas para prevenirlo, habremos conseguido reducir los riesgos y estar más preparados.
Pero si lo que hacemos es darle muchas vueltas a lo que tememos que suceda, nos estaremos torturando absurdamente, a base de re-vivir, una y otra vez, lo mismo que tememos.
La mejor forma de librarnos de las decepciones que sufrimos es esperando solo aquello que va ocurriendo.
La gente más feliz construye su vida sobre la contrariedad, los menos felices se aferran a la contrariedad para justificar su desgracia.

La experiencia no es lo que nos va sucediendo en la vida, es lo que nosotros hacemos y aprendemos con lo que nos sucede.
La experiencia no nos la da las cosas que vamos viendo, lo hacen las cosas sobre las que reflexionamos y vivimos conscientemente.

Confiar en uno mismo no nos garantiza alcanzar nuestros objetivos, la confianza interna nos la da tener la certeza absoluta de haber hecho todo cuanto estaba en nuestra mano.

No importa lo que hayan hecho de nosotros en el pasado, lo que de verdad importa es lo que hacemos ahora con nuestro presente.