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martes, 6 de septiembre de 2011

40 consejos positivos



1.- Camina de 10 a 30 minutos todos los días. Mientras caminas, sonríe.
2.- Siéntate en silencio y en un lugar tranquilo, por lo menos 10 minutos cada día.
3.- Escucha buena música todos los días, es un auténtico alimento para el espíritu.
4.- Al levantarte en la mañana di “Mi propósito hoy es…”.
5.- Vive todos los momentos con energía, alegría y empatía.
6.- Juega más juegos y diviértete más que el año pasado.
7.- Lee más libros que el año pasado.
8.- Mira al cielo al menos una vez al día y date cuenta de la majestuosidad del mundo que te rodea.
9.- Sueña más mientras estás despiert@.
10.- Come más alimentos que crezcan en los árboles y en las plantas y menos alimentos que sean manufacturados en plantas industriales.
11.- Come arándanos y nueces. Toma té verde, mucha agua y una copa de vino al día (asegúrate de brindar con ella por algo hermoso de lo mucho que hay en tu vida y, de ser posible, hazlo en compañía de quien amas).
12.- Trata de hacer reír a por lo menos 3 personas cada día.
13.- Elimina el desorden de tu casa, tu coche y tu escritorio, y deja que nueva energía fluya en tu vida.
14.- No gastes tu precioso tiempo en chismes, cosas del pasado, pensamientos negativos o cosas fuera de tu control.  Mejor invierte tu energía en lo positivo del presente.
15.- Date cuenta que la vida es una escuela y tú estás aquí para aprender. Los problemas son lecciones que van y vienen, lo que aprendes de estos es para toda la vida.
16.- Desayuna como rey, come como príncipe y cena como mendigo.
17.- Sonríe siempre y ríe más.
18.- No dejes pasar la oportunidad de abrazar a quien aprecias.
19.- La vida es muy corta como para desperdiciar el tiempo odiando a alguien.
20.- No te tomes a ti mismo tan en serio. Nadie más lo hace.
21.- No tienes que ganar cada discusión. Acepta que no estás de acuerdo y aprende del otr@.
22.- Ponte en paz con tu pasado, así no arruinarás tu presente.
23.- No compares tu vida con la de otros. No tienes idea del camino que ellos han andado en la vida.
24.- Nadie está a cargo de tu felicidad, excepto tu mismo.
25.- Recuerda que tú no tienes el control de todo lo que te sucede, pero sí de lo que haces con ello.
26.- Aprende algo nuevo cada día.
27.- Lo que la demás gente piense de ti no es de tu incumbencia.
28.- Aprecia tu cuerpo y disfrútalo.
29.- No importa que tan buena o mala sea la situación, ésta cambiará.
30.- Tu trabajo no se ocupará de ti cuando estés enfermo. Tus amigos sí lo harán. Mantente en contacto con ellos.
31.- Desecha cualquier cosa que no sea útil, bonita o divertida.
32.- La envidia es una pérdida de tiempo. Tú ya tienes todo lo que necesitas.
33.- Lo mejor está aún por venir.
34.- No importa cómo te sientas, levántate, vístete y vé donde tengas que ir.
35.- Ten sexo maravilloso, siempre con plenitud de tu ser.
36.- Llama a tus familiares con frecuencia y diles ¡Estoy pensando en ti!
37.- Cada noche antes de acostarse di: Doy gracias por…Hoy conseguí…
38.- Recuerda que estás demasiado bendecido como para estar estresado.
39.- Disfruta del viaje. Sólo tienes una oportunidad, sácale el mayor provecho.
40.- Por favor difunde estos consejos entre quienes te importan.

LA VIDA ES BELLA, DISFRÚTALA CADA MINUTO.
QUE TENGAS UN MARAVILLOSO DÍA, MI ESTIMAD@ AMIG@.


Los seis pilares de la autoestima, tan necesaria, son:


-      Vivir conscientemente, sin el piloto automático.
-      Aceptarnos como somos, en lo bueno y lo menos bueno.
-      Asumir la responsabilidad de hacer de nuestra vida lo que deseamos.
-      Afirmarnos en nuestra personalidad, no buscarla en la de los demás.
-      Vivir con determinación (pensar, decidir y actuar).
-      Ser honestos y buena gente.

El maldito estrés no es la causa de lo que nos pasa, es la consecuencia de cómo nos tomamos lo que nos pasa.
La principal fuente de estrés son los medios de comunicación, con su información de catástrofes, acontecimientos y vaticinios negativos, que no obstante deben de dárnosla porque nosotros se la pedimos. Qué ironía.
Lo que realmente genera estrés es querer más de lo que es posible, y la consiguiente frustración de no conseguirlo.
Hemos de cambiar nuestra actitud para: O nos proponemos menos, o trabajamos más y mejor.

La queja que tanto practicamos es el combustible que alimenta muchos conflictos personales, y provoca que se repitan sin cesar.
Tenemos que dejar de vivir en la queja, y aprender a hacernos cargo de las auténticas necesidades que se ocultan tras esa actitud de escape.
Todos, de una u otra manera, caminamos por la vida con el deseo de que nos lleven, en lugar de ejercitar nuestras propias piernas y de asumir nuestra responsabilidad sobre la vida que queremos tener.

Las personas que se relacionan mejor y más cálidamente con los demás, sienten más los beneficios de sentir con amor, gozan de mejor salud y están más satisfechas con su vida. Así que vamos a cuidar mejor nuestras relaciones.

Una de las cosas más importantes que podemos dejar de hacer es comprar cosas que no necesitamos para impresionar a otras personas que no nos importan tanto como para esto.

Muchos padres nos matamos a trabajar para dar a nuestros sus hijos lo que creemos que les hace falta o lo que vemos que tienen los demás y, sin darnos cuenta, les privamos de lo que más falta les hace, nosotros mismos, nuestra propia presencia, que nos sientan a su lado más veces.

Sentimos miedo de perder a nuestra pareja, porque existen otras opciones y las puede elegir a ellas, en lugar de pensar lo bonito que es que, teniéndolas, nos elija a nosotros.

Una gran parte de nuestro tiempo lo dedicamos a encontrar argumentos, a veces increíbles, para seguir creyendo en lo que deseamos creer.

La vida es lo que nos va sucediendo, mientras estamos despistados haciendo planes.

La sinceridad no es decir todo lo que uno piensa, bastaría con no decir lo contrario de lo que pensamos, y sobre todo decirlo solo cuando con ello ayudemos a quien nos escucha, y hasta donde esté preparado para oír.
Si somos sinceros, para descargar nuestra necesidad de soltar, y hacemos daño ¿de qué sirve al otro? ¿y a nosotros?

No miremos solo los defectos en los demás, seguro que también tienen cosas buenas, si se equivocan no les juzguemos duramente, intentemos comprenderlos y apoyarlos, salvo que rechacen que lo hagamos, claro.

La mente flexible es la que nos permite adaptarnos mejor a nuestro entorno, y a afrontar la realidad con más confianza.
La mente flexible tiene en cuenta la norma, pero también los factores equilibrantes que la apaciguan.
Hemos de ser sensibles a los otros puntos de vista, sin vernos en la obligación de aceptarlos, pero intentando averiguar sus fundamentos. Luego ya decidiremos lo que nos parezca mejor, pero nunca antes.
No nos conviene aceptar como bueno lo que digan los demás con los que simpatizamos, simplemente porque lo digan ellos, si lo hacemos así ¿dónde está nuestra personalidad?
No temamos la controversia cuando es constructiva, hemos de ser capaces de dudar de nosotros mismos sin entrar en crisis por ello.
La perseverancia es muy buena, pero requiere de un límite para que no se convierta en fanatismo, hemos de aprender a que no es tan importante ganar siempre.

La ternura es la mezcla de la dulzura y del amor, es un estado de ánimo profundamente humano, que reconforta a quien la recibe y conmueve a quien la ofrece.
Algunas personas no recibieron bastante ternura en su juventud, lo que les dificulta sentirla y sobre todo expresarla, no les castiguemos por ello.
La ternura la expresamos cuando manifestamos una sonrisa, suave y tranquila, y la dirigimos a un niño que duerme, a un padre que envejece o a nuestra pareja cuando se tambalea.
La sentimos cuando no deseamos lastimar al otro, aun cuando sabemos que podemos hacerlo, porque es, o ahora está, frágil.
No hace falta sentirnos superiores, ni demostrarlo, incluso aunque lo fuéramos.
Nos sentimos más amados cuando mostramos nuestra debilidad sabiendo que el otro no se servirá de ella para afirmar su fuerza.

Si creemos verdaderamente en la otra persona, podremos crear un espacio en el que compartiremos voluntariamente aquello que queramos, sin mentiras ni secretos incómodos.
Quienes invaden los espacios personales de sus parejas, son aquellos que más fácilmente encuentran justificaciones para hacerlo.
Si no dejamos zonas para la intimidad y la privacidad, aparecerán los secretos y las mentiras, incluso contra la voluntad de los mismos involucrados. Dejémosles que decidan qué quieren compartir con nosotros, siendo que así lo harán más a menudo.
La confianza verdadera se da cuando crees al otro, sin necesidad de tener, ni de buscar, pruebas.

Cuando el objetivo de una disputa es encontrar sinceramente la verdad, determinar quien tenía razón pierde importancia, pero cuando lo que buscamos es saber quién gana, lo que pierde importancia es la verdad.

Cuando hablamos con los demás y decidimos insistir en nuestras soluciones, en mostrar que sabemos mucho, quizá refuerza nuestro ego, pero demostrar que nuestro punto de vista es mejor no le resultará muy útil al otro, ni a nosotros.
Sin embargo, escuchar verdaderamente su punto de vista, entender cómo vive las cosas, para comprenderle, le permitirá sentirse escuchado, respetado y mucho mejor, y le contagiaremos para que él también haga lo mismo con nosotros.

Alcanzar nuestras metas resulta más fácil si tenemos pensamientos positivos.
Hay personas que se han planteado tantas veces las mismas metas, que ya no las toman en serio, ni ellos ni su entorno, asumen que no son constantes y por eso se rinden con mucha facilidad… pero tener metas claras y concretas, importantes para nosotros, no solo para los demás, escribirlas y meditar sobre ellas muchas veces, nos ayuda a centrarnos, a usar y desarrollar nuestras fortalezas, a estructurar mejor nuestro tiempo y a tener una mayor sensación de control, de logro y de éxito.

Tener una buena familia y unos buenos amigos es vital para encontrar un lugar donde descansar de la agresividad de la vida diaria.

Tenemos la mala costumbre de ignorar lo que la vida sí que nos da, lo que sale mejor de lo que esperábamos, para centrarnos en lo que echamos de menos. Qué lástima ¿no?
Sentimos menos necesidades propias cuando más vemos, notamos y sentimos las de los demás.
No esperes a que tu amigo venga a descubrirte su necesidad, ayúdale antes.
Si considerásemos a los demás tan bien como si fuéramos nosotros, sus acciones más reprochables nos parecerían merecedoras de una mayor indulgencia.
Cuando no comprendemos una cosa, podemos declararla absurda o superior a nuestro entendimiento. Casi siempre elegimos lo primero.
Tendemos a juzgar a los demás según lo que pensamos de nosotros mismos. Así que fijémonos en lo que no nos gusta de los demás, porque tiene bastante que ver con lo que no nos gusta de nosotros.

Si la anticipación del posible problema nos lleva a tomar medidas para prevenirlo, habremos conseguido reducir los riesgos y estar más preparados.
Pero si lo que hacemos es darle muchas vueltas a lo que tememos que suceda, nos estaremos torturando absurdamente, a base de re-vivir, una y otra vez, lo mismo que tememos.
La mejor forma de librarnos de las decepciones que sufrimos es esperando solo aquello que va ocurriendo.
La gente más feliz construye su vida sobre la contrariedad, los menos felices se aferran a la contrariedad para justificar su desgracia.

La experiencia no es lo que nos va sucediendo en la vida, es lo que nosotros hacemos y aprendemos con lo que nos sucede.
La experiencia no nos la da las cosas que vamos viendo, lo hacen las cosas sobre las que reflexionamos y vivimos conscientemente.

Confiar en uno mismo no nos garantiza alcanzar nuestros objetivos, la confianza interna nos la da tener la certeza absoluta de haber hecho todo cuanto estaba en nuestra mano.

No importa lo que hayan hecho de nosotros en el pasado, lo que de verdad importa es lo que hacemos ahora con nuestro presente.

lunes, 5 de septiembre de 2011

OBSERVAR EL CUERPO PARA CALMAR LA MENTE. COMPRENDER LA MENTE PARA SANAR EL CUERPO



Para comprender algo y mucho más si se desea comprenderlo, es necesaria la observación. No se puede saber del propio mundo interior estudiándolo fuera de uno, porque esto es una absoluta contradicción.

La observación adecuada nos facilita un conocimiento más íntimo de lo observado y una mayor seguridad. Observando podemos conocer y conociendo podemos comprender. Una observación atenta y minuciosa nos descubre nuevos aspectos e intimidades de lo observado. Lo mismo cabe decir de la observación de uno mismo. Observando nuestras reacciones físicas y psicomentales, nuestros hábitos e impulsos, nuestra forma de ser, nuestras emociones, pensamientos, temores, evasiones, justificaciones y todo aquello que hay en nosotros, obtendremos un conocimiento mucho más profundo, veraz y valioso de nosotros mismos.

No cabe duda de que el hombre es una gran conocido para sí mismo. No cabe tampoco duda de que si un hombre no toma conciencia de si mismo, y se observa, y se indaga, y medita sobre si mismo, no podrá salir de esa ignorancia. Hay que conocerse interna y externamente. Éste es un primer paso. Sólo podemos transformar y realizar aquello que conocemos y por ello en el Yoga el autoconociemiento es esencial. El hombre ni siquiera conoce las reacciones de su propio cuerpo, ni sus hábitos, impulsos, inclinaciones o tendencias fisiológicas. Sabe muy poco de sí mismo. El desconcierto de sí mismo trae consigo el descontrol y la carencia de control provoca malestar, frustración y dolor.

Una persona debe comenzar por observar sus reacciones mecánicas. Debe observar cómo el cuerpo, la mente y las emociones actúan sin control alguno, a veces en cruda contradicción prevaleciendo sobre el enflaquecido Yo. Debe observar su alegría o su dolor, cómo se comporta cuando le insultan o le elogian, cómo se siente, cómo piensa, cómo actúa. Debe observarse en soledad y en compañía, ante los seres queridos y ante los detestados: debe observar sus cientos de temores, su escrupulosidad, su egoísmo. Puede observar como camina, habla, gesticula, actúa, ríe; o bien, como busca justificarse, evadirse, autonegarse.
Si de verdad quiere conocerse, debe obtener el mayor número de datos posibles sobre si mismo.

En el ser humano suceden continuamente las sensaciones, las emociones y los pensamientos. Observándolos. Obsérvate a ti mismo conquistando a una mujer que te resulta atractiva, manteniéndote tierno con tus hijos. Obsérvate inquieto ante una importante entrevista; colérica ante el insulto de otra persona o sumiso ante un reproche. Obsérvate deleitándote con las flores que contemplas en el parque; sintiéndote en comunión con una obre de arte; practicando cualquier deporte o comiendo. Obsérvate tu amor, tu desasosiego, las mil y una forma de las que tú te vales para mantener ante ti mismo y ante los demás la falsa imagen que tú has fabricado de ti mismo. Obsérvate eufórico o angustiado, tenso o relajado. Observa tus estados de ánimo. Y obsérvate cambiando continuamente; cambiando tus emociones, tus pensamientos, ideas conclusiones, estados de animo, carácter. Obsérvate después de una noche de insomnio o de una penosa enfermedad. Conócete. Toma consciencia de ti mismo, obsérvate, pregúntate y conócete.

¿Cuántos años tienes? ¿Veinte, treinta, sesenta? Ya es hora de que empieces a conocerte y de que no sigas cargando con un desconocido. Trabaja interiormente. Observa sobre todo como reaccionas. Cómo reaccionas al sexo, a la riqueza a la belleza o a la fealdad, al miedo.

Observa cómo cambias tú de un momento a otro, que diferentemente puedes pensar o comportarte en cuestión de minutos o incluso segundos. Observa y obsérvate. Observa cuánta contradicción hay en ti, cuanta indolencia, cuanta frustración. Conócete más y más profunda y penetrantemente.

A medida que vayas aprendiendo de ti mismo, irás también aprendiendo o controlarte, a perferccionarte, a realizarte. ¿Estás intranquilo? ¿Irritado? ¿Inseguro? Obsérvate.

Intenta conocerte en las más variadas circunstancias, momentos, situaciones. No trates de justificarte, ni de engañarte, ni de recriminarte. Eso ya lo has hecho durante muchos años y nada has adelantado. Simplemente, toma consciencia de ti mismo y obsérvate.
Ya cambiarás. Ya cambiarás cuando te conozcas, porque sólo puede cambiarse adecuadamente lo bien conocido. Tú vas a transformarte, pero antes debes saber qué quieres y qué debes transformar. No sigas actuando a ciegas, no sigas pensando o sintiendo mecánicamente.

El practicante debe permanecer vigilante. Si la atención mental no está muy alerta, entonces la toma de consciencia de uno mismo y la autoobservación es imposible.
El trabajo interior exige la ayuda del órgano mental, y por ello es tan importante el entrenamiento de la mente y de una de sus técnicas básicas: la concentración o dharana.

La autoobservación puede llevarse a cabo a lo largo de actividades normales del individuo, y también como ejercicio efectuado en la soledad en una asana de meditación. Al efectuarlo como ejercicio en soledad, el practicante debe interiorizarse y excavar dentro de su mundo interior, observándose minuciosamente.

Hay muchas cosas que observar. Desconéctate del mundo exterior y explórate minuciosamente dentro de ti mismo, con el mismo interés que un espeleólogo exploraría una cueva. Busca, trata de descender hasta lo más profundo de ti mismo. Pero no te identifiques con lo que observas, no te dejes atrapar por lo que descubras.
Mantente sereno y distante, como mero espectador, muy atento, expectante, pero desapasionado. Observa y conoce.
¡Hay tanto material por revisar!

En ti hay cosas de años, de décadas, de siglos. Ahí permanecen el hombre viejo-producto del pasado – y el hombre nuevo; el hombre adquirido y el hombre real; el hombre superfluo y el hombre interno. No dejes que tus pensamientos se agolpen, no te distraigas, no te dejes encadenar por tus emociones.
Arroja la luz de la consciencia sobre todo tu mundo interior. Revisa los rincones más ocultos, más apartados. No te dejes envolver por lo que veas. Ten paciencia. Ves decididamente al encuentro contigo mismo, sin prisas, pero sin pausas.

Busca todo lo que hay en ti que es adquirido y aquello que eres tu mismo, que es tu esencia.